No me muerdas la boca,
si no tienes hambre de mi aliento;
sonríe, si quieres, cuando te cuente aquel chiste
tan malo, que ya te conté cien veces,
pero seguro que sonreirás, seguro.
No me muerdas la boca,
pero por favor, muérdemela una vez más;
vamos a recordar un rato como éramos antes de conocernos
cuéntame otra vez porque dejaste de suspirar,
por la magia de una noche de reyes.
No me muerdas la boca,
o no dejes de mordérmela jamás;
salgamos a la calle un rato, lleva zapatillas,
recorreremos la ciudad hasta que me de cuenta
de que no puedo recorrer tu cuerpo.
Pero ahora, muchacha,
no lo repetiré, no nos engañaremos,
te pediré que me muerdas la boca,
querré que tengas hambre de mi aliento,
querré que me beses una vez más,
que me muerdas y no sueltes jamás;
te volveré a contar aquel chiste, volveré a hacerte suspirar,
recorreré tu espalda, también tu pecho;
pero ahora, amor,
no me muerdas la boca.
Puedo escribir los versos más fluorescentes esta noche, escribir, por ejemplo...
lunes, 25 de agosto de 2014
martes, 12 de agosto de 2014
Soneto VI. Pentesilea contemporánea
Guarda bajo llave en su iris castaño
las más confiadas sonrisas de marfil
y en sus dedos, anillos azul añil,
de un zafiro pulido cada año.
Es la reina de todo cruel engaño,
escarpada cuando luce de perfil;
Sus guiños se te clavan como un alfil
y siempre llevan carácter huraño.
A Dios rogando... Señalaba el dicho;
yo que la maldecía en exceso,
fui el primer comandante en su nicho.
Cayendo en la trinchera de sus besos
me vi fusilado por sus caprichos;
perdí esta guerra de amor, lo confieso.
las más confiadas sonrisas de marfil
y en sus dedos, anillos azul añil,
de un zafiro pulido cada año.
Es la reina de todo cruel engaño,
escarpada cuando luce de perfil;
Sus guiños se te clavan como un alfil
y siempre llevan carácter huraño.
A Dios rogando... Señalaba el dicho;
yo que la maldecía en exceso,
fui el primer comandante en su nicho.
Cayendo en la trinchera de sus besos
me vi fusilado por sus caprichos;
perdí esta guerra de amor, lo confieso.
jueves, 17 de julio de 2014
Historia de un...
Asomaba con picardía el invierno,
abrigos más largos, días más cortos.
Mi cordura bailaba al son de tus antojos,
mi esperanza se hallaba tan elevada
que pasaba las horas cortejando a la luna.
Asomaban tímidas nuestras palabras,
las lecciones eran interminables
las miradas eran...
fueron demasiado fugaces.
Se acercaba el instante tan soñado,
mi corazón corría su propia contrarreloj,
mi corazón parecía querer estallar.
Te ví, entonces temblaba,
hubo más de un que tal, probablemente,
Llegamos a aquellas escaleras,
un tanto sombrías,
yo me senté a tu vera
rompimos, o tal vez rompí el hielo,
asomaba el invierno,
Clavé mi amor en tus pupilas
y más cerca,
más.
Ocurrió.
Después, tal vez sonreímos.
tal vez;
Algunos dicen que era día de infortunio,
algunos lo seguirán diciendo;
ocurrió, era la tarde de un otoño
y asomaba el sabor del invierno.
abrigos más largos, días más cortos.
Mi cordura bailaba al son de tus antojos,
mi esperanza se hallaba tan elevada
que pasaba las horas cortejando a la luna.
Asomaban tímidas nuestras palabras,
las lecciones eran interminables
las miradas eran...
fueron demasiado fugaces.
Se acercaba el instante tan soñado,
mi corazón corría su propia contrarreloj,
mi corazón parecía querer estallar.
Te ví, entonces temblaba,
hubo más de un que tal, probablemente,
Llegamos a aquellas escaleras,
un tanto sombrías,
yo me senté a tu vera
rompimos, o tal vez rompí el hielo,
asomaba el invierno,
Clavé mi amor en tus pupilas
y más cerca,
más.
Ocurrió.
Después, tal vez sonreímos.
tal vez;
Algunos dicen que era día de infortunio,
algunos lo seguirán diciendo;
ocurrió, era la tarde de un otoño
y asomaba el sabor del invierno.
jueves, 10 de julio de 2014
Soneto V. Bandera negra.
Se alza en lo alto la negra bandera
y resuenan cánticos libertarios,
voces de quienes no son mercenarios
de aquel que la libertad no tolera.
Gruñe la gran masa imperecedera:
"No caben leyes en mi inventario,
nos gobernamos sin intermediario"
Y así el pueblo acecha una nueva era.
Sin dioses, sin injustos tribunales,
con nuestros versos como barricadas,
sin que nos traten como animales.
Y no necesitaremos cruzadas
para consumar nuestros ideales,
la revolución está preparada.
y resuenan cánticos libertarios,
voces de quienes no son mercenarios
de aquel que la libertad no tolera.
Gruñe la gran masa imperecedera:
"No caben leyes en mi inventario,
nos gobernamos sin intermediario"
Y así el pueblo acecha una nueva era.
Sin dioses, sin injustos tribunales,
con nuestros versos como barricadas,
sin que nos traten como animales.
Y no necesitaremos cruzadas
para consumar nuestros ideales,
la revolución está preparada.
domingo, 6 de julio de 2014
Camina a mi lado.
Camina junto a mí,
comparte tu mano,
si quieres, claro;
cántame una canción
o háblame entre susurros.
No, mejor no digas nada
quiero respirar tu silencio.
Acelera el paso, huye,
huye lejos de mí;
camina deprisa, corre,
acaricia sóla el suelo,
haz que te persiga,
hasta perder el aliento.
Piérdete en el horizonte,
tus huellas marcan mi ruta,
las seguiré sin aliento.
Ahora detente
vuelve rápido conmigo,
te extrañé demasiado,
devuélveme el aliento,
ya sabes, una mirada basta.
Después deja que me aleje,
tus ojos me han quemado,
quiero que el viento me alivie;
pero tú no me dejes sólo,
ponme la zancadilla,
átame de pies y manos
y quédate a mi lado,
un rato, una caricia más.
comparte tu mano,
si quieres, claro;
cántame una canción
o háblame entre susurros.
No, mejor no digas nada
quiero respirar tu silencio.
Acelera el paso, huye,
huye lejos de mí;
camina deprisa, corre,
acaricia sóla el suelo,
haz que te persiga,
hasta perder el aliento.
Piérdete en el horizonte,
tus huellas marcan mi ruta,
las seguiré sin aliento.
Ahora detente
vuelve rápido conmigo,
te extrañé demasiado,
devuélveme el aliento,
ya sabes, una mirada basta.
Después deja que me aleje,
tus ojos me han quemado,
quiero que el viento me alivie;
pero tú no me dejes sólo,
ponme la zancadilla,
átame de pies y manos
y quédate a mi lado,
un rato, una caricia más.
martes, 24 de junio de 2014
Soneto IV. Vis a vis con los recuerdos.
Vis a vis, yo y tu fría calavera.
Tus suspiros, ¡menuda paradoja!
tus suspiros que la mentira forja
y que se tropiezan por mi escalera.
Vis a vis, lo de dentro y lo de fuera.
Aún te escribo con seca tinta roja
versos madurados por mi congoja;
congoja que no arde en ninguna hoguera.
Cuando tus labios eran mi Ambrosía,
cuando tus ojos eran mi Leteo
y yo remaba con mi poesía.
Cuando mi corazón no era ateo;
recuérdamelo así, vida mía,
antes de morir mi último deseo.
Tus suspiros, ¡menuda paradoja!
tus suspiros que la mentira forja
y que se tropiezan por mi escalera.
Vis a vis, lo de dentro y lo de fuera.
Aún te escribo con seca tinta roja
versos madurados por mi congoja;
congoja que no arde en ninguna hoguera.
Cuando tus labios eran mi Ambrosía,
cuando tus ojos eran mi Leteo
y yo remaba con mi poesía.
Cuando mi corazón no era ateo;
recuérdamelo así, vida mía,
antes de morir mi último deseo.
martes, 3 de junio de 2014
Ellos decían...
Ellos decían, que cuando reía,
bailaban un tango sus corazones,
bailaban todos al son de su risa,
el reír que levantó mil pasiones.
Ellos decían, que sus ojitos pardos,
brillaban como dos lunas de arcilla;
pardas lunas que jugar pretendían
con la negra bóveda al pilla-pilla.
Ellos decían, que a través de sus manos,
se coronan auroras de ternura,
tal como el rocío corona las flores,
flores coronadas en la espesura.
Ellos decían, que cuando caminaba,
su paso sonaba como un canto,
que sus pies al suelo, le dedicaban;
y sus huellas pintaban un retrato.
Ellos decían que no la conocían,
yo respondí: Yo la veo cada día.
bailaban un tango sus corazones,
bailaban todos al son de su risa,
el reír que levantó mil pasiones.
Ellos decían, que sus ojitos pardos,
brillaban como dos lunas de arcilla;
pardas lunas que jugar pretendían
con la negra bóveda al pilla-pilla.
Ellos decían, que a través de sus manos,
se coronan auroras de ternura,
tal como el rocío corona las flores,
flores coronadas en la espesura.
Ellos decían, que cuando caminaba,
su paso sonaba como un canto,
que sus pies al suelo, le dedicaban;
y sus huellas pintaban un retrato.
Ellos decían que no la conocían,
yo respondí: Yo la veo cada día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





